Las cosas no siempre son lo que parecen -va por tí, anónimo-. Era completamente carnal, tienes razón. Me traiciona mi tendencia a reírme de mí misma...
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Relexiones, ocurrencias y desvaríos. Sin tomarme en serio a mí misma.
1 comentario:
Buenas noches, ama, jefa suma, inteligencia sapientísima del hogar, esbelta figura de porcelana y carnal soslayo, belleza sin igual enhiesta, modelo del artista... Usted sabe de sobra de mi abnegación y buen hacer como trabajador y obrero manual del fondo de la entrepierna y del remate del tubo digestivo de usía, duquesa mía, imperatrix refulgente, madonna esbelta...
Preparado y a veces en dichosa funda así embutido, cual chorizo en ristra en curación, entro y salgo de su tierna cueva, ¡ay, que emoción¡ húmedo lagar, a ritmo desmedido o suave, según le convenga a vuestra majestad. Sin prisa, pero sin pausa, me voy deslizando y a conciencia, trabajando la zona G de vuestra mina, a las 11 tumbada boca arriba, a las 7 colocada boca abajo. Sin pausa y sin respiro, de vez en vez también me rozo con el vigilante de la sima y de intermedio, lo apretujo un poco, con vuestra ayuda y a destajo y en cuanto libra mi cabeza para afuera, me refroto suavemente en la pepita.
También a veces investigo el pozo airón en vuestras ilustres pompas traseras colocado, ahí más comedido y firmemente atenazado por las manitas de usía, no fuera a ser que me perdiera entre tanta sima y renegrura y que se torciera mi destino y difícil fuera mi recuperación de inmediato. A pesar de la estrechez y la espesura del moreno, me meto poquito a poco, forzando la bravura muscular de su Excelencia y disfrutando de su aroma enaltecido. ¡Pardiez¡ ¡cual macho enfebrecido yo me muevo¡
Ay, mi diosa, si usted me dice: ¡¡Ven¡ ¡yo me preparo¡ y muy a gusto, yo me mojo y me embadurno con una crema camomila o a salivazos...
pero no me amenace, dueña mía, para cuando sea viejo y ya no corra como debo: sin pilas también sirvo... no me empuje al arcón de los desechos cuando funcione a un ritmo más bien lento o ya casi ni me mueva, exhausto de tanto vaivén placentero en vuestro cuerpo...
Si a todos los obreros ya cansados y en edad de jubilarZe ya Zin pilaZ terminásemos mandando al desperdicio, nuestro mundo laboral y sensual, juguetón y divertido, se vería de súbito invadido por los dildos, peones inanimados y aburridos, plásticos sonsos y sin sentido, ignorantes y engreídos, pegajosos y churreros.
Si como residuos fuéramos tratados ya sin pilas, como cosas banales, desperdicios, ¿quiénes llenarían el hogar del jubilado pensionista de su pueblo, venerable condesa de las profundidades presentada?
Y sin hablar, que no quiero, de otros derechos sindicales que, por mi delicada posición y arriesgado desempeño, yo le exijo.
Diosa griega, jefa galana... piedad y justicia: ¡No me tire y cámbieme las pilas, que sin vos me muero...¡
¡Hay que ver qué solos se quedan los viejos...¡
(El consolador)
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