Hace aproximadamente media vida que me persigue un deseo de forma recurrente: Tener tiempo. Tiempo para hacer lo que quiera. Para no hacer nada, concretamente.
Poder tumbarme en genuina paz. Y sin que ninguna tarea acuciante mordisquee ratunamente el fondo de mi -previamente adormecida- conciencia.
Pero es que no hay manera, siempre me quedan cosas pendientes, parece no tener fin. Y las pocas veces que lo he logrado, mi gen calvinista se ha sublevado repentinamente: "Si tienes tiempo, debes ocuparlo, ¡ya!"
Y entonces una duda si apuntarse a clases de piano, que las históricas carencias musicales son una tarea pendiente de vital importancia... Oh, y dios me libre de olvidarme del deporte, cómo he podido olvidarme así como así de las agujetas, media vida juntas.... Alistarme en un gimnasio de inmediato. ¡ Señor, sí, señor !
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario