Esta mañana de domingo me he levantado fatal. Empiezo a elucubrar una fórmula imprecisa en la que el SPM(*) es inversamente proporcional a lo doloroso de la menstruación -para compensar, supongo-.
Los ositos de mi pijama me miran horrorizados desde el espejo: párpados hinchados, melena ochentera... Resumiendo, un espanto. Me vuelvo resuelta a la cama a ver si mejoro, pero me resulta imposible pegar ojo. La vecinita de arriba ya se ha levantado. No consigo entender cómo alguien puede hacer tanto ruído al caminar. Llego a la conclusión de que se transforma en un centauro al llegar a su casa. Y además lo hace con el único propósito de fastidiarme.
(*)SPM: Síndrome premenstrual.

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