Repaso los cajones de mi hijo a ver si le viene algo de ropa del verano pasado. Miro la talla de las etiquetas: pone de 4 a 5 años. Mañana cumple 5 y de repente soy dolorosamente consciente de que pronto llenaré el armario con la talla 6. Se me hace un nudo en la boca del estómago. Seis años es mucho. Ya no es mi bebé. Algo en mi interior se rebela ante su insolente forma de crecer.
A traición, va el niño y decide hacerse mayor. Sin previo aviso.
¿Cómo pudiste hacerme esto a mí? ¡ Oh yeah !

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