Ayer empecé un curso llamado "Cómo utilizar la negociación para resolver conflictos". Mis expectativas se han desvanecido de golpe esta tarde. No me sirve para el trabajo con el público. Definitivamente, creo que tendré que desempolvar mis apuntes de otro curso: "Atención al ciudadano", éste bastante acertado y plagado de utilísimas técnicas para no volverte loco en el curro.
Los dos profesores son psicólogos y a ambos los conocía de otro curso. La de esta tarde me ha resultado tediosa -de nuevo-, juraría que aburre a las piedras. Y se le nota mucho que lo suyo es el psicoanálisis.
Nos ha pedido a todos los alumnos que describiésemos un conflicto reciente. Cuando ha llegado mi turno, me he enterado, ¡oh, sorpresa!, que a menudo mis conflictos interpersonales me generan toda suerte de conflictos internos. El resto de la clase -con los ojos en blanco- ya me veía negociando conmigo misma... La solución: acudir sin pérdida de tiempo a un psicólogo a que me lo vea. He recordado de repente que no me gustan los psicólogos.
La clase ha resultado tan aburrida que mis dudas eran: ¿llevará botox la profe? ¿Se habrá infiltrado los morritos?. Pero, claro, no era plan alzar la mano para aclarar tales misterios.
Y mañana, cinco horas más con la misma. Pues hay que joderse.

No hay comentarios:
Publicar un comentario