Estoy a solas con mi ruidoso pingüino, haraganeando un domingo vacío, entero para mí sola. Ver tanto deporte por la tele ha terminado por afectarme. Sí, puede que caiga un partidito a la wii. Tal vez más tarde. Ahora prefiero dejarme llevar por mi memoria, que se ha puesto gimnástica y olímpicamente saltarina. De la adolescencia al inicio de mi adultez , vaya pirueta. Qué larga se me antojó aquella época que puedo resumir con una palabra: espera.
Siempre parecía estar esperando algo... El fin del curso, las notas, las vacaciones, el inicio del siguiente, cumplir un año más para arañar unos minutos en la hora de vuelta a casa los sábados por la noche, una mejora salarial -respecto a ese tema, mi padre desconocía que la inflación afectaba también a la paga semanal-... Esperaba llegar a misteriosos estados que veía en otros: ser mayor, tener novio, independizarme de una maldita vez.
Supongo que no tenía control sobre casi nada. Por eso no podía hacer otra cosa que esperar. En silencio. Y aguantarme. Y no me gustaba.

3 comentarios:
Ya tienes todo lo que esperabas entonces,pon en marcha tu imaginacion y empieza a poner en practica todo lo que desees¡¡el mundo es tuyo!!no tienes limites,piensa, cuando has querido algo de verdad¿a que lo has conseguido?.
Por ejemplo: tu hijo,tu carrera,tus oposiciones etc...
no sé si habrá mucha gente enganchada a tu blog....pero yo echo de menos que actualices más a menudo!!!!
Ahora que se han terminado las vacaciones, espero que aumente mi actividad bloguera. Es muy gratificante que alguien disfrute leyéndolo. Y como yo lo hago escribiendo... Pues eso, que ya somos dos.
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