Por enésima vez estoy dándole vueltas al tema estrella de esta temporada otoño-invierno: ¿por qué cierta persona cercana a mí hace lo que hace?
Tras sesudas reflexiones, mi mente aterriza en lo que a mí, al menos en este instante, se me antoja un hallazgo: su código interno de conducta es algo rarito. O tal vez sea extremadamente breve. No matarás y poco más.
Durante años me han apenado sus esfuerzos por gustarle a todo el mundo de forma indiscriminada, se resistía a admitir que tal cosa era imposible además de sumamente estúpida. Ahora pienso que no se esforzaba ni hacía mucho por conseguirlo -todo lo contrario, más bien-. Simplemente le disgustaba la no aprobación en general a la vez que deseaba los aplausos en particular.
Tal vez su interés por satisfacer de forma inmediata sus deseos, su manifiesta incapacidad por aplazarlos, explique en gran medida el origen de su forma de actuar. Y vuelta con lo mismo: ¿es patológica su conducta? ¿o es simplemente vocacional? El caso es que me molesta, me molesta mucho.
Una, que es prudente...
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