9,00 a.m.
He decidido empezar el día de buen talante. Incluso voy a intentar disfrutar con el trabajo. Seré comprensiva y estaré de buen humor.
9,30 a.m.
Ni talante ni nada. Ya estoy atacá. La mayoría de usuarios no hablan mi idioma, y los que lo hacen, no me entienden. Y los que me entienden, se hacen los suecos. Fffffff...
2,30 p.m.
La jefa de área nos recuerda que mañana hará el pedido de material, así que debemos pasarle una nota con lo que necesitemos. ¿El lexatín cuenta como material de oficina?
3,15 p.m.
Hago la compra en el súper. Estoy lanzada hoy: sin que sirva de precedente voy a cocinar. Le pido a mi madre la receta de las alcachofas mientras caigo en la cuenta de que he perdido la olla exprés en uno de mis últimos traslados.
6,00 p.m.
Aguanto el rollo de la vendedora pacientemente y pago mi flamante olla. Debe estar aburrida, la pobre. Ahora ya somos dos.
7,45 p.m.
Cuatro alcachofas flotando en un caldo insípido y traslúcido me miran con asombro desde el fondo de la cacerola. Suspiro resignada y me digo a mi misma con escasa convicción que la próxima vez pondré menos agua. Debo amortizar la exprés. Tal vez el sábado haga un cocido. Ya estoy fantaseando otra vez. Me temo.
He decidido empezar el día de buen talante. Incluso voy a intentar disfrutar con el trabajo. Seré comprensiva y estaré de buen humor.
9,30 a.m.
Ni talante ni nada. Ya estoy atacá. La mayoría de usuarios no hablan mi idioma, y los que lo hacen, no me entienden. Y los que me entienden, se hacen los suecos. Fffffff...
2,30 p.m.
La jefa de área nos recuerda que mañana hará el pedido de material, así que debemos pasarle una nota con lo que necesitemos. ¿El lexatín cuenta como material de oficina?
3,15 p.m.
Hago la compra en el súper. Estoy lanzada hoy: sin que sirva de precedente voy a cocinar. Le pido a mi madre la receta de las alcachofas mientras caigo en la cuenta de que he perdido la olla exprés en uno de mis últimos traslados.
6,00 p.m.
Aguanto el rollo de la vendedora pacientemente y pago mi flamante olla. Debe estar aburrida, la pobre. Ahora ya somos dos.
7,45 p.m.
Cuatro alcachofas flotando en un caldo insípido y traslúcido me miran con asombro desde el fondo de la cacerola. Suspiro resignada y me digo a mi misma con escasa convicción que la próxima vez pondré menos agua. Debo amortizar la exprés. Tal vez el sábado haga un cocido. Ya estoy fantaseando otra vez. Me temo.

1 comentario:
Prueba a añadirle algo de pan rallado y una picada de ajos con perejil,mejora mucho...
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