lunes 23 de marzo de 2009

El día perfecto.



10,30 p.m.

Me caigo de sueño. Y la peli no ha hecho más que empezar. Malditas interrupciones publicitarias. Tras dos anuncios de cosmética, decido no insistir y me voy a dormir.


7,30 a.m.

Tras aplicarme concienzudamente la crema hidratante, constato ante el espejo que mis patas de gallo imaginarias se han atenuado. Mi piel resplandece, más firme, tonificada y tersa. Igualito que en los anuncios. Bendita publicidad.

Me tomo un café aromático acompañado de la tostada perfecta, mientras repaso mentalmente el contenido de mi armario. Saco un brazo por la ventana, para hacerme a la idea de la temperatura exterior. Decido alegrar la mañana de los usuarios y me capuzo un escote. Me cuelgo del brazo mi fantástico bolso comprado en las rebajas y bajo en el ascensor asfixiando al vecino con mi perfume perfecto. Ya en la calle, no he dado más de veinte pasos y... Todo deja de ser como en un anuncio. En fin, mañana será otro día.