La semana pasada estuve reflexionando sobre posibles técnicas para afrontar mejor mi trato con usuarios conflictivos en mi curro. Tengo una compañera que desconoce ese problema. Me he fijado mucho y he llegado a la conclusión de que es gracias a sus dotes de seducción. Yo no tengo esa capacidad. Y si alguna vez la tuve, se ha debido atrofiar por no usarla. Doy por sentado que debe resultar cansadísimo tratar de caer bien a todo el mundo. Aunque sé que hay quien es adicto a gustar indiscriminadamente -pero esa es otra historia, puede que hasta otro blog-.
Finalmente el bloqueo era tal, que sólo veía una opción: lobotomizarme con un lápiz antes de ir a trabajar.
