viernes, 2 de mayo de 2008

El gran apagón.

06:00 a.m.
Mi pequeño alien me acaba de despertar. Tiene a bien hacerlo a estas horas cuando no tiene cole. Como yo no hago puente, me lo llevo a la oficina hasta que a las 8:30 se lo lleva mi padre.
14:00
¡Por fin tengo el permiso de conducir renovado! Me lo trae mi padre junto con el niño que se está zampando un bollicao -a estas horas-. Se dedica a jugar con mis compañeros de trabajo hasta que nos marchamos a comer.
19:30
Llega mi super compra del mercadona y simultáneamente descubro que se ha fundido la bombilla de la cocina. Me apresuro colocando el pedido y me subo a un taburete. Imposible retirar el cristal de la lámpara. Maldición: debo hacer la cena antes de que oscurezca o no veré un pimiento.
Al fondo, mi alien grita desaforadamente. Al parecer se ha atascado en un planeta del super Mario galaxy. Me pasa los mandos conminatorio. Yo soy incapaz de desactivar la máquina de los malos para liberar a la megaestrella de los buenos. Mierda: la cena, que se me quema. Le digo que se han agotado las pilas, desconecto la wii y corro a la cocina... Arf, arf, arf... Joder, la lavadora también, que no se me olvide.
Ahora, mientras escribo en la cocina -a la luz de una vela- empiezo a sentir algo extraño, ¿pena de mí misma tal vez? No sé cómo demonios voy a cambiar la bombilla. No soy autosuficiente. Debo pedir pedir ayuda. O seguir indefinidamente a oscuras.
Una de dos.