lunes, 22 de septiembre de 2008

Primitiva.

La semana pasada fantaseé con que me tocase la lotería primitiva. En concreto el bote. La idea anduvo cosquilleándome insidiosamente... No dejaría de trabajar, ya que la vida ociosa perjudica fatalmente mi salud. Y de rebote, la de los que me rodean, para qué nos vamos a engañar. Sin embargo pagaría a otros para que realizasen por mí las tareas que no me gustan. Me libraría así del estrés improductivo y el malhumor que me acogota cada vez que tengo que hacer la compra, limpiar la casa, resumiendo: las labores domésticas nada gratificantes que hipotecan ignominiosamente mi vida diaria. No es en vano la mala prensa de la doble jornada. Llegaría a casa después del curro y tooodo estaría limpio, en orden. La ropa lavada, planchada y en su sitio, las camas hechas, el frigo bien provisto. Y sí, en el colmo de la dicha, mi pequeño monstruo tendría una supernanny. Nunca juego a la primitiva, aunque supongo que ése es un pequeño detalle sin importancia.