lunes, 2 de junio de 2008

Cómo hemos cambiado...Pero ella más.

Estoy de un malévolo buen humor. Esta tarde he ido al kiosco a comprar una peonza para mi hijo y mientras me explicaban que hasta septiembre no recibirían más -lo que me va a suponer un ahorro considerable-, una señora me ha llamado por mi nombre. Durante unos instantes embarazosos yo he tratado inútilmente de reconocerla. La escrutaba concentrada pero al fin no he tenido más remedio que rendirme. Y ver como en su mirada, unos segundos antes esperanzada, aparecía la desolación tintada de mala uva. Sobre todo porque, cuando se ha identificado, mi cara de asombro era indisimulable.
Hemos hecho unos breves comentarios, para quitarle hierro a la cosa -más que nada- y mientras nos repasábamos de arriba a abajo mutuamente: "Si es que la última vez que te vi eras casi una niña" -yo- "Claro, y ahora estoy practicamente en la cuarentena" -ella-, como si eso fuese una buena excusa, además de falso. Ya de jovencita, a la amiga pequeña de mi hermana menor le gustaba ponerse años.