Otra vez es mi cumple. ¿Cómo es posible cumplir cuarenta y tres, si hace nada interioricé que tenía cuarenta y dos? Por fin he llegado a una edad en la que no me hace mucha gracia lo de cumplir años. Ya sé lo que se siente. Me quedan dos telediarios para llegar a cifras realmente feas. Ergo, ya soy mayor. Es un hecho.
Dudo entre una visita de urgencia al druni para hacer provisión de antioxidantes en crema o inflarme a bombones. Me decido por esto último, al fin y al cabo me suena que el chocolate también tiene de eso, y encima sabe bien. Pero nada me consuela.
Las neuronas que me quedan, de lo mejorcito de su promoción, tratan de consolarme. Piénsalo bien, la juventud está sobrevalorada. No es algo tan bueno.
Y un cuerno -me rebelo-, parecer joven es divertido. No es que quiera ser joven, que no quiero, lo que me gustaría es estarlo. O parecerlo al menos. Joven, joven, joven… Repito la palabra como un mantra hasta que pierde todo su sentido. Qué asco. Creo que éste va a ser mi último cumpleaños oficial. O al menos, es lo que me aconsejan, cómplices, mis neuronas añosas.
Dudo entre una visita de urgencia al druni para hacer provisión de antioxidantes en crema o inflarme a bombones. Me decido por esto último, al fin y al cabo me suena que el chocolate también tiene de eso, y encima sabe bien. Pero nada me consuela.
Las neuronas que me quedan, de lo mejorcito de su promoción, tratan de consolarme. Piénsalo bien, la juventud está sobrevalorada. No es algo tan bueno.
Y un cuerno -me rebelo-, parecer joven es divertido. No es que quiera ser joven, que no quiero, lo que me gustaría es estarlo. O parecerlo al menos. Joven, joven, joven… Repito la palabra como un mantra hasta que pierde todo su sentido. Qué asco. Creo que éste va a ser mi último cumpleaños oficial. O al menos, es lo que me aconsejan, cómplices, mis neuronas añosas.
