Otra vez en el parque con mi hijo. Y están las mismas de siempre, sólo que hoy, el grupo vociferante es la manada más nutrida. Una de ellas llama a su hijo lanzando alaridos hirientes. A pesar de que tiene voz de camionero bronquítico, el nivel de decibelios es asombroso. Me intriga si sus cuerdas vocales resistirán. "¡¡¡Ivaaaaaaaan!!!". Pues sí.
Ahora la conversación gira en torno al trabajo. En realidad a su ausencia. La de la voz cazallera presume: "Pues yo, me he pasado la vida rascándome el chumino". Verdaderamente no dice rascar, sino "arrascar" y lo hace destrozando de paso unos cuantos tímpanos.
Observo -consternada- que varias están preñadas. Parece contagioso. Da miedo: se reproducen de forma alarmante.
Me duelen la cabeza y el diccionario de oírlas y el timbre de sus voces es... Indescriptible. Lo siento hijo mío, nos volvemos a casa.
