sábado, 20 de diciembre de 2008

Naturalmente.


De un tiempo a esta parte me obsesiona -ligeramente- el determinismo biológico. El tema de la maternidad, por ejemplo. A mí no me gustan los niños; no obstante, cuando empecé a acercarme a los treinta y cinco años, una fuerza desconocida me hizo desear uno a toda costa, de manera inapelable. Siguen sin gustarme. Pero ahora la cosa ya está hecha. La puta madre naturaleza debe estar orgullosísima del resultado de su manipulación.

Luego, leo cosas que le ponen a una los pelos como escarpias: también la gente se empareja por condicionamientos biológicos. Y, de la misma manera que ya no percibo mi perfume, porque mi olfato se ha acostumbrado a él, las feromonas, antes o después -y no es por ser agorera, pero suele ser más bien antes...-, dejan de ejercer su influjo. ¿ Los divorcios son en realidad un imperativo biológico, un cambio de nariz antes que un cambio de pareja ?

No falla. De repente soy consciente de que no hay vida más allá. Sólo me queda aferrarme al consuelo de que es invierno. Con el frío, la gente huele menos. ¿ O no ?

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Felicity.

El otro día me explicaba una amiga cómo gestiona su vida con eficiencia empresarial. Procura a toda costa que su propia felicidad dependa de ella misma. Puesto que no puede evitar que en algún momento alguien la haga infeliz -aunque sí alejarse de quien tenga semejante osadía-, al menos trata de no causarse desdicha a sí misma.
En principio, de lo más sano. Aunque se me ocurrieron ciertos reparos a su teoría, la verdad es que en esos momentos no me apeteció que mi amiga me despidiese de su holding de amistades por llevarle la contraria.
Ella también aleja de su lado a aquel que la hace demasiado feliz. No puede correr el riesgo de que su felicidad dependa de alguien distinto de ella misma.
En el fondo, la entiendo. Por mucho que me juro que no volverá a ocurrir, antes o después termino hipotecada de entusiasmo hasta las cejas. Es lo malo de ser excesiva. Y ya no tiene una edad, jo.

martes, 16 de diciembre de 2008

Profundeces.


Pronto invitaré por fin a mis hermanos a cenar en mi casa nueva. Tengo ya ganas de retomar nuestra discusión favorita y recurrente: ¿Es preferible ser profundamente superficial a superficialmente profunda? Y de paso, despellejar a los ausentes. Faltaría más.

lunes, 15 de diciembre de 2008

Realidad, blanca realidad.

Hay momentos en los que veo la realidad de otra manera, digamos…más real. Despojada de esa carga de falsas creencias que nos inculcan desde niñas. Ser madre no es lo que yo creía. Me siento estafada. Me pregunto si prosperaría una demanda contra Disney. Interrumpo mis reflexiones cuando me topo con una tienda presidida por un árbol de navidad horroroso, cargado de espumillones naranja butano que hacen trizas mis retinas. Se confirman mis peores temores: se acercan las fiestas. Socorro.

domingo, 14 de diciembre de 2008

Resaca dominical.

Escucho canciones viejas de Kraftwerk un domingo a medio día mientras me tomo un vino, a veces me gusta poner las bandas sonoras de mi pasado. Éste es uno de esos domingos raros en los que estoy completamente sola en casa. He decidido posponer todas las tareas pendientes para poder dedicarme a mi vicio más oscuro (y odioso): pensar, recordar, hurgar… Pero no logro deprimirme. La resaca del entontecimiento que me provoca mi M.M.A.(*) aún ejerce sus efectos. El espejo de la habitación refleja mi tonta sonrisa. Así no hay quien piense. En fin, otra vez será.


(*)M.M.A.: Muy Mejor Amigo.