5,00 a.m.
Suena el despertador y hago caso omiso. Al tercer aviso, uno de mis ojos consigue entreabrirse lo suficiente para reprogramarlo a las siete. Llevo una semana así y aún no he logrado levantarme temprano. Me encojo de hombros y seguimos durmiendo mi conciencia y yo.
7,30 a.m.
Hago la cama. O algo parecido. Me cuesta moverme, me duele todo. Lo achaco a que es lunes. Siete estornudos más tarde llego a la conclusión de que estoy irremisiblemente resfriada, no hay duda.
7,20 p.m.
Languidezco en el sofá frente a la tele. A penas consigo concentrarme en la serie mientras divago más y más. Durante la publicidad, al tiempo que veo un anuncio de un Honda, me asalta la extraña idea de que tal vez soy un fenómeno sociológico: me he divorciado dos veces mientras sólo he cambiado de coche una... Llegado a este punto, creo que el termómetro ya no es necesario. Tengo fiebre. Fijo.
Suena el despertador y hago caso omiso. Al tercer aviso, uno de mis ojos consigue entreabrirse lo suficiente para reprogramarlo a las siete. Llevo una semana así y aún no he logrado levantarme temprano. Me encojo de hombros y seguimos durmiendo mi conciencia y yo.
7,30 a.m.
Hago la cama. O algo parecido. Me cuesta moverme, me duele todo. Lo achaco a que es lunes. Siete estornudos más tarde llego a la conclusión de que estoy irremisiblemente resfriada, no hay duda.
7,20 p.m.
Languidezco en el sofá frente a la tele. A penas consigo concentrarme en la serie mientras divago más y más. Durante la publicidad, al tiempo que veo un anuncio de un Honda, me asalta la extraña idea de que tal vez soy un fenómeno sociológico: me he divorciado dos veces mientras sólo he cambiado de coche una... Llegado a este punto, creo que el termómetro ya no es necesario. Tengo fiebre. Fijo.
