La conocí el siglo pasado, en otro trabajo, en otra vida. Cuando yo trataba de hablar, me interrumpía de forma constante para criticarlo todo y a todos con muy malos modos: su mirada, su voz, sus ademanes, la forma en que curvaba los labios... Todo era hosco. Hasta que una vez, de forma casual, descubrí que sólo escuchaba gustosa si le contabas que algo te iba mal. Llegaba a ser cariñosa, comprensiva incluso. Me resultó tan fascinante aquel repentino cambio de actitud, que al día siguiente quise probar si se repetía: volví a la carga con otra historia penosa... Así que terminé por inventarme desgracias propias y ajenas de un día para otro para acudir a contárselas. Y asombrarme cada vez. Parecía alimentarse de ellas, se sentía feliz como una niña...
jueves, 24 de julio de 2008
lunes, 7 de julio de 2008
Trasplantes.
A menudo suelo soñar con las casas en las que he vivido. Me despierto con una vaga sensación de pérdida y tristeza.
A los diez años había pasado ya por cinco ciudades. Lo recuerdo todo muy bien.
Hoy he contado veintinueve. He vivido en veintinueve casas distintas. Tal vez por ese motivo ahora no me decido a abrir todas las cajas después de un traslado. Mi record de permanencia en un mismo sitio es de cuatro años seguidos. Y no tengo la impresión de que vaya a batir mi propia marca.
Me digo que tal vez no tenga tanta importancia. Pero de niña, y a veces no tan niña, con frecuencia he tenido la sensación de ser arrancada de un sitio. Luego estaba la cara de póker que debía poner cuando alguien me preguntaba de dónde era. Porque siempre tenía el acento equivocado: En Murcia hablaba andaluz, en Segovia, murciano, en Alcoy, segoviano, en Asturias, alcoyano... No sé qué acento tengo ahora, al menos ya no me siento fuera de lugar. Pero tampoco dentro...
A los diez años había pasado ya por cinco ciudades. Lo recuerdo todo muy bien.
Hoy he contado veintinueve. He vivido en veintinueve casas distintas. Tal vez por ese motivo ahora no me decido a abrir todas las cajas después de un traslado. Mi record de permanencia en un mismo sitio es de cuatro años seguidos. Y no tengo la impresión de que vaya a batir mi propia marca.
Me digo que tal vez no tenga tanta importancia. Pero de niña, y a veces no tan niña, con frecuencia he tenido la sensación de ser arrancada de un sitio. Luego estaba la cara de póker que debía poner cuando alguien me preguntaba de dónde era. Porque siempre tenía el acento equivocado: En Murcia hablaba andaluz, en Segovia, murciano, en Alcoy, segoviano, en Asturias, alcoyano... No sé qué acento tengo ahora, al menos ya no me siento fuera de lugar. Pero tampoco dentro...
viernes, 4 de julio de 2008
Me ahogo.
A menudo me ahogo en un vaso de agua.
En una semana he tenido dos averías en el coche (una de ellas era el aire acondicionado y no me lo han dejado bien, me tocará volver al maldito taller). Se ha ido la luz en dos ocasiones. El ascensor se ha averiado otras dos -una cosa consecuencia de la otra-. He alquilado tres películas que ya había visto (por error). Hace un calor espantoso y aún no ha llegado el aparato de aire acondicionado que encargué...
Sin embargo, cuando paso por verdaderas dificultades, normalmente me crezco. Pero estas fruslerías me sobrepasan.
Qué cosas, al parecer tengo una baja tolerancia a la frustración en lo tocante a lo nimio. Será que me van más los grandes retos. ¿O quizá lo de sufrir a lo grande? Que ya puestos...
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
