Repentinamente he empezado a llevar una vida de lo más desordenada. Mi tiempo ya no está ocupado y planificado al minuto. Me acuesto tarde. Duermo la siesta sin control. Y ya, el colmo de la disipación: he cambiado mis costumbres durante la cena, ahora veo el telediario en lugar de una peli de Tom y Jerry. Ay.
Definitivamente, es lo que me pasa siempre la mitad de las vacaciones escolares. Cuando mi hijo se va con su padre.
