Paulatinamente él había ido minando su autoestima.
A veces eran simples observaciones sobre su vestuario. Otras, en cambio, eran aparentes bromas por su peso, su silueta o su comportamiento. Los comentarios a cerca de su torpeza intelectual en general eran frecuentes y públicos. Y a pesar de todo esto, lo que más la sacaba de sus casillas era que, nunca, en ningún momento, él la había elogiado ni piropeado por nada.
Un día ella explotó y le dijo al fin lo que pensaba. Él le reprochó: “…desde luego nena, que a ti no se te puede decir nada, como, por lo visto, tú eres Doña Perfectaaaa…”. Y se lo dijo presa de la indignación, mientras la emprendía, furioso, a cucharadas, con el plato de lentejas con cianuro que ella le había preparado.

1 comentario:
no des ideas.....
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